Las ONG se enfrentan a grandes desafíos que pueden llevar a sus trabajadores a un nivel alto de estrés, lo que se conoce como ‘Burn Out’.

Ya sea por la falta de recursos humanos, económicos, o incluso una estrategia de trabajo mal enfocada, el volumen de trabajo puede llegar a ser inmanejable.

En este artículo, examinaremos las causas específicas de este fenómeno en el entorno de una ONG y cómo evitarlo.

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3 causas de estrés en tu ONG

Carga de trabajo excesiva

Es común en ONG pequeñas que una persona tenga que hacer el trabajo que en una organización más grande harían varios.

Este es un problema que se deriva a menudo de la falta de recursos en las ONG. Al tener equipos pequeños, se espera que cada miembro lleve a cabo múltiples roles. Esto puede ir desde la gestión de proyectos hasta la contabilidad y la comunicación. Este tipo de multitarea puede hacer que los empleados se sientan abrumados y exhaustos, lo que puede llevar a un desgaste emocional y físico.

Ejemplo: Juan es el único empleado de una pequeña ONG y tiene que encargarse de la contabilidad, las redes sociales, y la captación de fondos. ¿Te suena de algo este ejemplo?

La formación continua es como un bálsamo para las quemaduras del Burn Out. Al invertir tiempo en adquirir nuevas habilidades y herramientas, te estás equipando para ser más eficiente. Esto no solo reduce la carga de trabajo sino que también te da una sensación de logro que es vital para la salud mental.

La tecnología está aquí para ayudarte. Si no puedes pagar a otro empleado, existen mil y una herramientas que pueden hacer el trabajo pesado por ti.

Falta de recursos

Muchas veces las ONGs operan con presupuestos muy ajustados, lo que significa que no pueden contratar más personal o invertir en herramientas que faciliten el trabajo.

Piensa en la formación continua como en una inversión en tu bienestar. Cada curso que tomas o libro que lees está añadiendo una nueva herramienta a tu caja de recursos, permitiéndote abordar tareas de una manera más ágil y efectiva. Esto reduce el estrés y previene el agotamiento.

No sólo hablamos de recursos económicos, sino también de herramientas, tiempo y apoyo institucional. Algunas ONG funcionan con software obsoleto o incluso sin las herramientas necesarias para llevar a cabo su misión de forma efectiva. Esto añade una capa de dificultad y estrés, ya que los trabajadores tienen que «hacer más con menos», lo que es una receta segura para el Burn Out.

Expectativas poco realistas

Las ONG suelen tener objetivos muy altos, lo que es admirable, pero a veces esto se traduce en expectativas poco realistas para los empleados.

Las metas altas no son malas en sí mismas, pero se convierten en un problema cuando no están respaldadas por un plan estratégico sólido o los recursos necesarios para alcanzarlas. Esto pone una presión inmensa sobre los trabajadores, quienes sienten que están destinados a fallar desde el principio, minando su moral y llevándoles al agotamiento.

Replantea tus metas. Ajusta tus expectativas a la realidad del terreno. Y si tus trabajadores se están quemando, quizá es porque tu plan es una auténtica quimera.

Propón una solución para cada una de estas 3 causas

Para la carga de trabajo excesiva

Priorizar tareas y delegar cuando sea posible, aunque sea a voluntarios o colaboradores externos.

Si estás sometiendo a tu personal a jornadas interminables, déjame decirte que eso no es gestión, es maltrato laboral. Así que prioriza tareas y saca algo de tiempo para planificar cómo puedes distribuir el trabajo de manera más inteligente.

¿Tienes voluntarios o colaboradores externos? Úsalos.

Si no los tienes, empieza a buscarlos. Internet está lleno de personas dispuestas a ayudar en causas que valen la pena.

Para la falta de recursos

Buscar alianzas estratégicas que puedan proveer los recursos faltantes, ya sea en forma de personal voluntario o donaciones de herramientas.

No subestimes el poder curativo de aprender algo nuevo. La formación continua te da una doble ventaja: no solo te prepara para manejar tu carga de trabajo de manera más eficiente, sino que también rompe la monotonía y aporta un sentimiento de realización personal. En resumen, es como un escudo contra el Burn Out.

Deja de mirar el vaso medio vacío. Si no tienes recursos, búscalos. No hablo solo de dinero; hay alianzas, patrocinios, donaciones en especie.

La próxima vez que pienses en la falta de recursos como un obstáculo insuperable, recuerda que la creatividad nace de la limitación. Ah, y antes de que lo olvides: el peor recurso desperdiciado en tu ONG eres tú, si no estás buscando soluciones.

Para las expectativas poco realistas

Basta de soñar despierto y planta los pies en la tierra. No puedes salvar el mundo en un día, pero puedes empezar por cambiar una pequeña parte de él.

Los objetivos SMART no son una moda pasajera de consultoría, son una forma inteligente de hacer que las cosas sucedan. Si no sabes cómo establecer objetivos que se puedan medir y alcanzar, entonces tal vez estés en el trabajo equivocado.

Mi experiencia como consultor social al principio

Al principio de mi carrera como consultor para pequeñas ONGs, me sentía constantemente atrapado en una encrucijada de expectativas y realidades.

Recuerdo un caso en particular: una ONG que apenas tenía visitas en su página web, no contaba con un euro para invertir en fundraising, no tenía una base de datos de contactos y no disponía de personal. A pesar de estas circunstancias, se esperaba que entregara resultados como si tuviera todos los recursos del mundo a mi disposición.

El sentimiento de culpabilidad era abrumador.

Me cuestionaba a mí mismo, preguntándome si estaba en el lugar correcto, si realmente tenía las habilidades necesarias para este trabajo.

Lo que no entendí en ese momento es que no se trataba de mi incapacidad; era más una cuestión de expectativas poco realistas impuestas por la organización. Me culpaba a mí mismo por no ser capaz de hacer magia cuando, en realidad, no se me habían proporcionado las herramientas necesarias para tener éxito.

Con el tiempo, aprendí a discernir lo que está dentro de mi control y lo que no lo está. Esa experiencia me enseñó la importancia de establecer límites y de educar a mis clientes sobre lo que es y no es posible con los recursos disponibles.

Dejé de llevar la carga de la culpa por las limitaciones ajenas, y eso me ha convertido en un consultor más fuerte y más efectivo.

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